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lunes, 21 de julio de 2014

“Un nuevo Guggenheim en Bilbao”



El otro día cuando disfrutaba de un estupendo momento de aperitivo en las calles del Casco Viejo bilbaino pudimos ver el estado actual, en el que se encuentra el MERCADO DE LA RIBERA de Bilbao.


Son habituales las noticias en los periódicos locales dando cuenta de las novedades del proceso de rehabilitación y restauración.
Hace menos de dos semanas han empezado a mostrar a los antiguos y futuros comerciantes de dicha plaza de abastos, los nuevos modelos de los puestos de venta.

Cuantos de nosotros hablamos extasiados del Mercado de "La Boqueria" en Barcelona y acudimo s gozosos al nuevo gastro-eno-pub-Mercado de SAN MIGUEL en Madrid.


Cuantos de nosotros volvemos de nuestra vacaciones a lugares exóticos y lejanos con muestras de los productos gastronómicos locales y una gran variedad de especias, sales y demás condimentos del país visitado.

Y resulta que aquí en Bilbao, tenemos el mercado de abastos cubierto más grande de Europa o del mundo, según sea el grado de bilbainísmo de la persona que glosa las maravillas de la villa. Ya sabéis…Es lo que lleva ser de el mismo centro del “Mapamundi de Bilbao”

Pues eso, si no somos muy tontos, a veces nos empeñamos en serlo, todos los bilbainos, con diptongo o sin el, deberemos poner en valor ese futuro centro de la gula y del placer que se nos esta reconstruyendo en nuestra villa…

Si las previsiones se cumplen, volveremos a contar en Bilbao con el centro de Abastos cubierto más grande de Europa ( o del mundo), y será el más moderno y el más limpio y el más bonito y el más cómodo y el más….

Ahora será cosa de los bilbainos convertirlo en el más visitado, en el más divertido , en el más usado, en el mas…

Desde los estamentos públicos deberán ser los suficientemente vivos para hacer de ese futuro centro de comercio y turismo, un lugar “visitable”, lúdico y donde la experiencia gastronómica no se acabe en el mero hecho de comprar y vender productos agroalimentarios sin elaborar y transformar, sino donde se puedan degustar y saborear los productos allí vendidos. ( ¿ Mercado de San Miguel de Madrid, etc.? )


Un lugar donde se puedan hacer eventos y actividades de cualquier índole, donde lo que prime, sea la originalidad y el desarrollo comercial y económico, tanto del propio mercado como de los agentes y sectores que vean en ese lugar un espacio donde promocionar, enseñar y vender cualquier producto o servicio.

Ese mercado es una oportunidad única para volver a generar ilusión en una zona donde las ansias de trasformación de lo público no han conseguido , hasta la fecha, el resultado apetecible. Con este gran elemento tractor posiblemente, la zona podrá iniciar ese despegue que aún no se ha producido…

Por todas estas razones y por el propio potencial del Mercado, creo, que no sería estúpido, hacer de este centro, un atractivo elemento turístico de Bilbao, que podría competir en notoriedad y en visitas con el mismísimo Museo Guggenheim.
Hace unos años, unos cuantos visionarios, con Juan Luís Laskurain, a la cabeza, se sacaron de la chistera un invento, que causo una autentica revolución en Bilbao, en los bilbainos y en la proyección pública de la muy noble y leal villa.

Creo que en estos momentos tenemos una oportunidad de volver a generar esa ilusión y esa atracción con un invento, que no es nuevo, que ni siquiera es un invento y que lleva más de dos siglos acompañando el día a día de todos los habitantes de la villa.



Espero que no perdamos esta nueva y única oportunidad….   

viernes, 23 de mayo de 2014

SUEÑOS DE BARRO Y CUERO


Queremos compartir con vosotros los recuerdos del autor de "Bilbaínos con diptongo" y gran amigo de esta casa, Jon Uriarte, ha plasmado en negro sobre blanco para  nosotros. 
Todo en la infancia está a un golpeo de balón. Y a veces, también en la madurez. El Hotel Artaza es un claro ejemplo. No solo porque se encuentre cerca del centro de Bilbao y de San Mamés. Sino por lo que no vemos, pero está. El ayer del fútbol. O debería decir football. Porque así arribó a nuestra costa. Con el alma de las islas del norte. Como si la esfera de cuero buscara recordar quién fue. Quizá por ello Bilbao es una capital de un solo equipo. Hubo otros. Varios, incluso. Pero se disolvieron como gotas de lluvia para ser uno y diferente. Porque se puede tener dos amores, pero no dos equipos. Al menos en una Bizkaia que siempre entendió aquél juego de pies como una filosofía de vida. Con frecuencia nos preguntan qué significa ser del Athletic. Y entonces intentamos explicar lo inexplicable. Hace años, una noche de fútbol, tecleé unas líneas precipitadas en un hotel como éste. No habíamos ganado. A veces la victoria está en otras cosas. Por eso, las palabras volaron y dejaron de ser mías. Hasta que tiempo después me las devolvió, traducidas al inglés, un capitán galés de un barco con nombre lejano. Nos conocimos en la terraza del Hotel Artaza y compartimos un aperitivo tan eterno como una tarde de verano. Antes de partir, me dijo -Sois lo que fuimos, cuando todo era simple, hasta que lo hicimos complicado-. Y a continuación, recogió su gorra y partió hacia otros puertos.
Sorprendido por el hallazgo, quise contarle de dónde surgieron aquellas palabras. Como que cerca del hotel, rodó por primera vez un balón caído de un barco. Lo sabemos por un pequeño recorte de prensa del  de este Noticiero Bilbaíno, fechado en 1894. Hablaba de cómo un aficionado local retaba a la colonia británica a un encuentro de football en las campas de Lamiako. El partido se disputó el 3 de Mayo de ese año, con resultado adverso para los locales de seis "goals" a cero. Desolador, dirán. Pero no. Aquellos hombres entendieron que el balón merecía más partidos. Y desde entonces han sido millones. Así, junto al olor del mar, los muelles y las mercancías, los habitantes de ambos lados de la ría le añadieron cierto sabor local. Y también algún arrebato. En pocos lugares como aquí el corazón manda tanto sobre la razón. Si jugamos con jugadores de casa es, precisamente, por uno de esos arrebatos.
Campas de Lamiako.

Hasta 1911 el Athletic Club tenía jugadores locales y algún foráneo, sobre todo británicos residentes en Bilbao, del mismo modo que los demás contaban con los suyos. A los extranjeros, para poder competir, les exigían vivir un mínimo de 6 meses en la villa. En 1910 el Athletic llegó a contar con tres ingleses y la Real Sociedad de San Sebastián con otros tres, un francés y dos madrileños. El resto de los equipos incluían más foráneos que nativos. Pero en 1911 el Athletic fichó a tres ingleses para un partido y la Real no lo logró. Tras una agria discusión, el club bilbaino decidió jugar solo con uno. Y ganó. Pero herido en el orgullo, y ante las críticas del rival, proclamó que desde ese día jugaría sin extranjeros, hicieran lo que hicieran los demás. Así nació nuestra filosofía. Para jugar en el Athletic Club se precisa desarrollar la formación futbolística en su seno, en un equipo vasco, en un club concertado o haber nacido en nuestra tierra”. Punto. El resto es falso, distorsión o medias verdades.
Campo de Jolaseta.
Llegados a este punto les animo a que recorran los muelles, las playas y los montes que rodean este Hotel. Getxo, en los campos de Jolaseta. Con el tiempo llegó a Bilbao y allí está ahora. Diferentes lugares, pero mismos pilares. Así se lo conté a aquel capitán del que no supe más. Tan solo que se llevó las líneas mencionadas. Por eso las dejo aquí. Quizá quieran llevárselas también consigo, para contar por el mundo que esos tipos del Athletic no están tan locos. O sí. Porque la vida sin toque de locura sería perfecta, pero muy aburrida. Piénsenlo cuando recuerden estas palabras.
Athletic Club. 1910
En cada rincón hay un poco del Athletic. Al fin y al cabo, sus primeros partidos los jugó en las campas de Lamiako, en la cercana Leioa, y después aquí, en El Athletic es el aitite y el nieto compartiendo bandera. El bocadillo de ama o la bufanda tejida por la abuela. La bota del vecino y el abrazo con el desconocido. La lluvia racheada, entrando por Ingenieros. La mujer que de niña soñó con calzar botas y la hija que lo logró. El último domingo compartido entre padre e hijo, sin saber que sería el último. El primer beso íntimo, rodeados de 80.000 ojos. El escudo al atardecer, al fondo de una calle de bares. El puro fumado por uno, pero compartido por todos. El grito desesperado, la emoción desbordada, la lágrima suelta. Y el placer de placeres. El éxtasis. El rugido del león. El "A por ellos" y el "Beste bat" o el "Athleeeeetic" con bufandas al viento. Los primeros, cortos y rotundos. El segundo, arrastrado con sentimiento. Tal y como es la verdadera felicidad. Así es nuestro Club. De todos y de nadie. Tan singular en filosofía, como plural en seguidores. Tan respetado, como incomprendido. Hay equipos que hacen historia, el Athletic hace leyenda. Y todo, porque un día indeterminado, en un acuerdo no escrito, decidimos seguir un peculiar camino. Donde otros veían el final nosotros veíamos principios. Elegimos ser David cuando todos querían ser Goliat. A la utopía con la épica, pasando por Bilbao. En eso estábamos y aún estamos. Un acuerdo que se mantiene, pese a todo, entre millones de aficionados alejados en lo geográfico, lo político, lo cultural o lo social. Aquel día incierto, elegimos vencer menos pero ganar más. Y entendimos que el Athletic es una cuestión de familia. Lo del futbol, créanme, es secundario”.

Jon Uriarte